Despertar cada mañana era un acto inerte de rutina.
Escuchar la voz escaleras abajo, diciendo mi nombre.
Abrir los ojos, odiar a todo ser humano posible, tirar la colcha fuera de la cama y sentarme tomando mis rodillas contra mi cuerpo.
Afuera estaba oscuro, como cualquier día de invierno a las 7 a.m. El cielo estaba con tonos extraños, ¿morados?
eso era lluvia , ¿no? suponiendo...
Odiaba esos delantales a cuadros azules, odiaba el frío, odiaba levantarme temprano mientras todos dormían.
Odiaba todo.
¿Cuántas veces dije la palabra odiar? ¿Porquè tanto odio? No lo sé.
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