La historia empieza en una noche en la que nada era suficiente para mi, en la que la soledad recorría cada centímetro de mi mente y me atormentaba en todo momento. Donde el silencio eran escalofríos y pensamientos oscuros. Cuando la sangre corría por mis muñecas y se deslizaba caliente por mi brazo.
El silencio era mi corazón intentando todo para dejar de latir.
Puede sonar estúpido e inmaduro, pero había ciertas cosas en mi, que no podían salir por mis labios. De echo hay algunas que todavía siguen bajo llave.
Desde siempre nada fue fácil. Cada acto , cada pensamiento o palabra tenía consecuencias al 200% de lo normal. Como mil agujas incando tu espalda, haciéndote retorcer.
Y no es que alguna vez haya sufrido algún tipo de falta material, pero puede decirse , como alguien solía decir... Los padres no se elijen, y nosotros no venimos con un manual de instrucciones.
Y he aquí la razón número uno de todo mi trastorno.
He aquí la razón por la cual me obligue a mi misma a levantar una muralla de metros y metros alrededor de mi corazón, la razón por la cual elegí no sentir... Y el culpable de la caída de todas mis defensas. El que entró sin ser detectado, cual rata, silenciosa y lúgubre.
La caída en el pozo, la falta de aire , el dolor físico y mental.
La desesperanza y el olor asqueroso a óxido y sal.
Y...
al final, el oxígeno entrando en mis pulmones , y el ángel de tez morena y cicatrices en la piel , tendiéndome su mano.
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